La
primera referencia que ha llegado hasta nuestros días acerca del vino nos remonta
al Antiguo Testamento y concretamente a Noé, cuando plantó viñedos en el arca
y se produjo la primera borrachera de la historia. Pero las primeras referencias
documentadas nos llevan a la antigua Grecia, donde se bebía mezclado con agua
y se conservaba en pellejos de cabra.
Lo
primero que hay que decir es que el vino, a lo largo de la historia, ha estado
muy bien considerado por la alta sociedad, siendo testigo imprescindible en
cualquier acontecimiento o banquete de importancia y alrededor de él se han
firmado los grandes tratados y acontecimientos históricos.
Ya
en Egipto, Grecia y Roma se adoraba a Dioniso o Baco (dios de los viñedos) y
en la Biblia nos hablan de la última cena de Jesús, representando con él su
sangre. Sabemos
que en China, hace 4.000 años, ya conocían el proceso de fermentación de la
uva, y que en Egipto, en el siglo IV a.C. ya conocían la viticultura. Julio
César fue un gran apasionado del vino y lo introdujo por todo el imperio romano.
En
España fueron los romanos los que plantaron los primeros viñedos, y sus cuidados
fueron adjudicados en la mayor parte de las veces a los clérigos, ya que la
demanda para la Comunión en la Iglesia era muy importante.
Es
a Carlomagno a quien se atribuye la creación de grandes plantaciones de viñedos
a lo largo de su imperio, pero los vinos que se obtenían eran de escasa calidad
hasta que en el siglo XII empezó a haber buenas producciones y a comercializarse
masivamente el vino.
Se
atribuye a Pierre Pérignon el hecho de haber introducido el vino en las primeras
botellas con corcho, pero fue en esta época cuando hubo grandes plagas de filoxeras
que atacaron a los viñedos y dejaron a Europa sin apenas producción.
Ya
en el siglo XIX, el vino sufría alteraciones y se fermentaba causando grandes
pérdidas. Los vinos de una misma producción, guardados en toneles iguales, envejecían
de distinta forma. Hasta que Pasteur descubrió en un tonel que estaba recubierto
de pintura, que el aire no penetraba en él y el vino necesita del aire para
fermentar adecuadamente.
Actualmente
no sólo es Francia el país que da grandes vinos, como había sido tradicional,
sino que en toda Europa, sobre todo, se están consiguiendo grandes producciones
y especializaciones en diferentes tipos de caldos que pueden competir con los
franceses sin ninguna dificultad. Ejemplos son los vinos españoles de Rioja,
Ribera del Duero, Somontano..., portugueses como los de Madeira y Oporto...
Por
otra parte, podemos hablar de la historia de la enología como una ciencia que
va íntimamente ligada a la aparición del vino, ya que es el arte que reune los
conocimientos sobre su elaboración. La
palabra procede del griego “oinos” que significa vino y que en la actualidad
es toda una ciencia que se imparte en las universidades.
Se
sabía desde tiempos remotos que algunos vinos son buenos para beberlos recién
fermentados, otros ganan extraordinariamente con los años dentro de un tonel
de roble.... De allí la importancia de poner en marcha una serie de estudios
y observaciones del comportamiento de los vinos para llegar a obtener los mejores
resultados.
Aunque
desde hace muchos siglos ha habido personas dedicadas a estas observaciones
y estudios, podemos decir, como ya citábamos anteriormente, que fue Pasteur
el primer enólogo de la era moderna propiamente dicho, ya que con su observación
de la necesidad de pequeñas partículas de oxígeno en la fermentación de la uva,
dio paso a una serie progresiva de estudios para mejorar la calidad y conservación
de los vinos.
Hoy
en día, el enólogo es un técnico con una gran preparación, que dirige la fabricación
de un vino a lo largo de todo el proceso que su fabricación requiere.
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